miércoles, 12 de junio de 2013

Simple-mente-simple


Diversidad de pájaros juegan desordenados entre los tantos inertes y fríos cables de la red del alumbrado público de la solitaria estación de tren de un Buenos Aires gris y húmedo de las dieciocho horas y veintitrés minutos de un día de otoño silencioso y ajetreado que reposa melancólico bajo la insistente esperanza de volverte a ver.

viernes, 7 de junio de 2013

Las tejas de verano



   Ninguno de nosotros, o casi ninguno, sabía por qué sobre las dos de la tarde nadie caminaba por el barrio. Sólo algunos perros vagabundos que parecía que se quemaban las patas sobre las calles de tierra ardientes por el sol de pleno verano.
   Nuestros padres miraban la televisión, quizás la novela, y generalmente se quedaban dormidos. El volumen estaba bajito y era el único sonido de la casa. Los platos reposaban recién lavados sobre la rejilla de al lado de la batea. Los postigos casi cerrados por completo dejaban entrar algunos rayos del poderoso sol, y formaban divertidas sombras en las baldosas del suelo, que daba placer atravesar con los pies desnudos.
   Yo salía silenciosa por la puerta trasera y observaba un vecindario dormido. Olía el calor rebotando en el pasto, y sentía la presencia escondida de algunos pajaritos charlando sobre las ramas flameantes por un viento tímido.
   El que hoy es mi amigo sanguíneo se sentaba sobre una lomita de tierra entre lo que parecía ser la división de la calle y la vereda. Jugaba con el pasto, rompiendo, pensativo, hojitas frescas que arrancaba de su vera.
   Yo le daba una sonrisa desde lejos, y me sentaba ahí mismo. Nos pensábamos mutuamente, cada uno desde su lugar.
   Después vinieron las miradas cómplices, el mutuo y natural entendimiento, las cartitas dadas por terceras manos, el apoyo incondicional, el amor verdadero y una amistad interminable.

domingo, 19 de mayo de 2013

T o l o s a


A escasos metros el perro duerme. Él no sabe muy bien todavía quién soy. Qué hago en su casa. Por qué abro la heladera. Por qué uso ropa del armario. Qué es ese humo que desprendo de la boca. Por qué lo miro y le hablo. Tampoco entiende lo que digo. Ni sabe a dónde voy cuando cierro la puerta con llave tras de mi. O quizás sí. Quizás sabe todo. Quizás soy yo la que no entiende nada sobre él.

martes, 14 de mayo de 2013

vigilia


Sueño con una corriente de euforia 
que acaba en llanto desesperado
y me acuerdo que todavía no duermo, 
no más te pienso

domingo, 17 de marzo de 2013

ellos no quieren


La luz del techo se vuelve demasiado amarilla. A través de los huecos de la horrible cortina de encaje, veo que los árboles flamean agresivamente. El cielo es gris. Muy gris. La ciudad parece ansiosa por hacer que llegue la noche. La gente se sienta a cenar. La gente se sienta a leer. Algunos sólo miran la TV. Algunos hermanitos se pelean y luego lloran angustiados. Tienen la panza llena de golosinas, y están malhumorados. Los cachetes colorados, eufóricos. Y su madre les grita que por favor se metan ya a la bañera, que se tienen que ir a dormir. Ellos no quieren, porque mañana es sábado.


miércoles, 13 de febrero de 2013

terminemos

Me senté a pintar, y diez minutos después pensé que estaba haciendo una cagada. Que me iba a quedar un borrón. No veía nada con claridad. Boceteaba por arriba, me iba para abajo. Y no lo veía, me desanimaba. Aún así, seguí… de terca no más (ya empecé, no voy a abandonar ahora). Agarré los pasteles y empecé a rellenar sombras y luces. Y me empecé a divertir. De a poquito pensaba que después de todo, los trazos estaban creando algo hermoso. Hora más tarde me sorprendí a mí misma, viendo que el conjunto de borrones y claridades me habían dado un buen resultado. Me gustó. 
Entonces pensé que la vida es más o menos igual. Vas haciendo y deshaciendo, y caminás y te perdés, y a veces parece que todo es un borrón, que ni las sombras ni las luces tienen sentido. Pero pasado el tiempo, cuando hicimos mucho, quizás ya cuando somos viejitos, empezamos a ver que todo en conjunto es un resultado significativo. La diferencia está en que no todos en la vida sabemos dibujar, o que al menos nos divertimos intentándolo. Y existe la probabilidad de que, cuando terminemos el dibujo que intentamos hacer durante la vida, nos demos cuenta de que es una soberana porquería. (Pero claro, igual, ya empecé, no voy a abandonar ahora).

viernes, 18 de enero de 2013

así como es


A la tarde, después de despertarme de la siesta desesperada de calor, envuelta en sudor y con los pelos parados, me siento en la mesa del comedor a tomar unos mates que ya mi mamá comenzó. Abro la puerta de la calle, y la puerta del patio. El ventilador está prendido y apunta directo a mi abuela. Aun así, ella se queja: qué calor Tamarita. Llega de forma escalandosa el sonido de la tele que mira mi tío, estupefacto. ¿Estará sordo? pienso. Espío la pantalla, y la cara de Paul Newman me atrapa por unos segundos. Me siento en la silla antigua de cuero, y el cuerpo me duele. No tengo ganas de hacer nada. Empieza a correr un poquito de aire entre las puertas abiertas, y lo agradezco. Las calles de Chivilcoy están todavía vacías, y hoy se murieron dos ciudadanos. Pero eso no tiene nada que ver con el calor. La gata está durmiendo arriba de la mesa, y si bien a mi abuela no le gusta, no dice nada. Yo le pregunto cosas de su juventud. Y ella me cuenta. Sus ojitos parecen los de un bebé. Y sus manos, aunque estén arrugadas, también. Casi puedo contar todas la venas que recorren muñeca, palma y dedos. Aun así son hermosas. Ella se las mira con melancolía. Entonces agarro los esmaltes y se las pinto bien bonitas, después de limarlas un poco. Ahora se las mira con un poco más de alegría. Me cuenta que, de joven, tenía un vestido hermoso celeste, pintado con rayas. Y que pasaba en bicicleta por el barrio y ya a los 15 años, arrastraba pretendientes. Se casó a los 17 con mi abuelo Lito, y al año siguiente tuvo su primer hijo, el cual murió a los 7 años de edad. Recuerdo a mi mamá decir que su infancia fue horrible por el sufrimiento y las quejas de mi abuela debido a la terrible pérdida. Mi abuela era bonita, y yo puedo decir que es verdad, a pesar de que ya tenga 65 años más. La observo sin que se de cuenta, e intuyo que desde hace algunos años, la vida le pasa en el entorno, y ella observa sin participar. Intento descubrir en qué piensa, pero soy incapaz de descubrirlo. Entonces a veces le pregunto. Nada, me contesta. ¿Nada? pregunto yo sorprendida. Nada, vuelve a decir. Yo creo que es mentira, creo que guarda en secreto pensamientos que la gente de hoy, no puede entender. Así como ella ya no puede entender, los pensamientos que nosotros hoy, charlamos en continuidad.