A la tarde, después de despertarme de la siesta desesperada de calor, envuelta en sudor y con los pelos parados, me siento en la mesa del comedor a tomar unos mates que ya mi mamá comenzó. Abro la puerta de la calle, y la puerta del patio. El ventilador está prendido y apunta directo a mi abuela. Aun así, ella se queja: qué calor Tamarita. Llega de forma escalandosa el sonido de la tele que mira mi tío, estupefacto. ¿Estará sordo? pienso. Espío la pantalla, y la cara de Paul Newman me atrapa por unos segundos. Me siento en la silla antigua de cuero, y el cuerpo me duele. No tengo ganas de hacer nada. Empieza a correr un poquito de aire entre las puertas abiertas, y lo agradezco. Las calles de Chivilcoy están todavía vacías, y hoy se murieron dos ciudadanos. Pero eso no tiene nada que ver con el calor. La gata está durmiendo arriba de la mesa, y si bien a mi abuela no le gusta, no dice nada. Yo le pregunto cosas de su juventud. Y ella me cuenta. Sus ojitos parecen los de un bebé. Y sus manos, aunque estén arrugadas, también. Casi puedo contar todas la venas que recorren muñeca, palma y dedos. Aun así son hermosas. Ella se las mira con melancolía. Entonces agarro los esmaltes y se las pinto bien bonitas, después de limarlas un poco. Ahora se las mira con un poco más de alegría. Me cuenta que, de joven, tenía un vestido hermoso celeste, pintado con rayas. Y que pasaba en bicicleta por el barrio y ya a los 15 años, arrastraba pretendientes. Se casó a los 17 con mi abuelo Lito, y al año siguiente tuvo su primer hijo, el cual murió a los 7 años de edad. Recuerdo a mi mamá decir que su infancia fue horrible por el sufrimiento y las quejas de mi abuela debido a la terrible pérdida. Mi abuela era bonita, y yo puedo decir que es verdad, a pesar de que ya tenga 65 años más. La observo sin que se de cuenta, e intuyo que desde hace algunos años, la vida le pasa en el entorno, y ella observa sin participar. Intento descubrir en qué piensa, pero soy incapaz de descubrirlo. Entonces a veces le pregunto. Nada, me contesta. ¿Nada? pregunto yo sorprendida. Nada, vuelve a decir. Yo creo que es mentira, creo que guarda en secreto pensamientos que la gente de hoy, no puede entender. Así como ella ya no puede entender, los pensamientos que nosotros hoy, charlamos en continuidad.
viernes, 18 de enero de 2013
domingo, 16 de diciembre de 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
Viste...?
Viste cuando de pronto refresca,
en
medio de una semana de pleno verano,
y se levanta viento,
y el cielo
se pone negro,
y huele a humedad aunque todavía no cayó una gota,
y
los pájaros vuelan desordenados entre las nubes,
y querés que te
agarre la tormenta llegando casa,
para entrar mojada, y poner el agua
para el mate,
y darte un baño
y mirar por la ventana cómo en la
calle empieza a desaparecer la gente?
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miércoles, 5 de septiembre de 2012
táctil
Un lago de agua helada.
Las hojas muy verdes de un árbol en
pleno invierno, después de la lluvia.
La nariz mojada y fría.
Los ojos vidriosos.
Unos guantes de lana negra.
Unas calzas negras.
Botas de lluvia con medias de lana
gorda.
Me mirás asomándote entre gorro y
bufanda.
Puedo intuir la sonrisa debajo.
La estufa al lado de la alfombra.
La penumbra.
La tele prendida, con el volumen
bajito.
Dan una película de bajo presupuesto.
Dan una película de bajo presupuesto.
Una velita en la esquina.
Las seis de la tarde y el sol que se
fue.
La pava que empieza a hacer ruido en la
cocina.
Las galletitas arriba de la mesa.
Un invierno muy invernal,
que quedó afuera.
La ventana abierta.
La cama que nos espera,
pero nos hacemos rogar.
pero nos hacemos rogar.
miércoles, 29 de agosto de 2012
sábado, 25 de agosto de 2012
Quise... y quise
Quise ser azafata
...y recorrer el mundo entero. Cada
rincón. Todos.
Quise aprender todos los idiomas del
mundo.
Quise ver muchos partidos deportivos.
Tenis y fútbol sobretodo.
Quise ser nadadora profesional.
Quise ser periodista.
Quise ser futbolista, tenista, y
profesional en gimnasia deportiva y patinaje.
Quise leer todos los libros de Borges,
Benedetti, Allende, García Marquez, Umberto Eco, Becquer.
Quise leer fábulas y cuentos cortos.
Quise ser actriz. Y modelo.
Quise saber japonés, y escribir haikus
a lo original.
Quise vivir en Cuba, Tailandia,
Australia y EEUU.
Quise conocer a Dexter.
Quise ser pintora.
Quise escribir guiones y hacer
películas.
Quise ir al gimnasio y tener un cuerpo
perfecto.
Quise cuidarme la piel y darme baños
relajantes todos los días.
Quise estar todo el tiempo con amigos,
familia y novios.
Quise leer todos los blogs que me
interesan.
Quise saber mucho de semiótica.
Quise ser bailarina en natación
sincronizada.
Quise ver todas las películas del
mundo.
Quise rescatar a todos los animales del
maltrato.
Quise rescatar a todos los niños del
maltrato.
Quise ser maestra.
Quise ser médico. Cirujana, Pediatra,
Obstetra y Psicóloga Clínica.
Quise ser mamá de muchos hijos y vivir
en medio del campo.
Quise saber bailar salsa, funky, rock,
danza clásica y del vientre.
Quise ser voluntaria de varias ONGs.
Quise ser cantante y saber tocar el
saxo, el piano, la guitarra, los timbales y el bajo.
Quise adoptar a todos los niños y
animales abandonados del mundo.
Quise ser directora de cine y hacer
videoclips.
Quise viajar durante mucho tiempo por
China, India, Tailandia, Vietnam, Korea.
Quise rescatar a alguien de un edificio
en llamas.
Quise decir todo lo que nunca dije.
Quise ser escritora.
Quise tantas cosas que me olvidé que
tenía que elegir una.
jueves, 26 de julio de 2012
Me huele
a una adolescencia
temprana
A primeros encuentros
y a los
desencuentros
A mi primer amor
y a mi primer
amigo
y al primer
corazón roto
y también quizás
al último
Olía a sangre derramada en un alma
pura
y a las flores frescas de la primavera
que llegan con
toda la humildad
del amor más
sincero
Olía a madres de hijos
que piensan no
necesitar a sus madres
A olvidos y a amistades abandonadas
perdidas en algún
lugar del alma
Las calles olían a sensaciones que
fueron enormes
y ahora descansan pequeñas, en algún
rincón lejano
de un pasado
cercano
A rejas oxidadas de ventanas cerradas
y a siesta y a paella
y al tinto veraniego aguado con hielo
Olía al cuero de un balón, caliente
del sol
olvidado en la
quietud de la plaza
Las calles olían a sandalias y
perfumes baratos
y a cabellos mojados al viento
olían a sal de mar y a sal de mesa
echada en una
ensalada fresca
a vos y yo (mezclados) en la madurez
del hoy
y también en la
juventud del ayer
olía a la acogida de una segunda madre
y a la de un
primer padre
Las calles de Palma de Mallorca huelen
a vejez
y a olvido
y a la melancolía que se me forma
al sentir que algo se ha perdido
en las calles de
ese lugar
que huelen a
muchas cosas.
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